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Cuando llegué al capítulo XIII de H.B. (1) pensé una obviedad: hoy vivimos mejor que en el siglo XIX ya que en aquella época el avance muy festejado del industrialismo y sus conveniencias materiales rechazaban las necesidades estéticas (2). En la actualidad la belleza luce prestigiada como objeto de consumo masivo, es oferta de placer visual e invitación a utilizar o imitar los atractivos modelos exhibidos que aparecen constantemente en publicaciones de variados niveles; son revistas dedicadas a las modas de las vestimentas y las de actualidades sociales mostrando a personajes afamados sin importar si cuentan con cualidades que los prestigie más allá de la imagen. También se muestran mansiones hermosas y funcionales diseñadas por profesionales que son artistas del buen vivir.
El diseño industrial merece, y las tiene, obras muy específicas para analizar y elogiar las formas logradas en automóviles, camiones de transporte, enseres domésticos, teléfonos, computadoras e infinidad de artefactos que antes de ser valorados por sus funciones técnicas impresionan placenteramente al observarlos. Para iluminar el tema traigo algunos párrafos de un libro interesante y de serio desarrollo (10). Desde su titulo, “Márketing y estética” aparece la propuesta que une la estética con el mercadeo, realizado este para mejor conquistar a los cosumidores y venderles elementos más atractivos: esta atracción estimula en el comprador la decisión de hacer suyo el producto. Creo oportuno recordar que la Real Academia Española dice que la estética es la “ciencia que trata de la belleza”.
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Esta actitud, de aquellos que diseñan, de vincular las bellas formas con el contenido industrial ofertado ha llegado a despertar el interés de los Estados buscando que las competencias para captar al consumidor sean acompañadas con diseños poseedores de hermosura y que así eleven la calidad de vida de los usuarios de esos bienes.
Este párrafo de la página 65 de libro consultado es elocuente:
Diseño nacional y estética En Gran Bretaña, el British Design Council ha asumido una función fundamental para integrar los diferentes aspectos del diseño en todas las etapas de la industria. Afirma que, en los años noventa, es esencial prestar atención al diseño para ser competitivo. Este esfuerzo coordinado responde al reconocimiento de que la actividad innovadora y creativa no es campo exclusivo de creativos y diseñadores.
Toda la empresa debe estar al tanto de las cuestiones estéticas, debe aprender a hablar el idioma de la estética. El Gobierno puede participar en este esfuerzo, asumiéndolo como elemento crucial de su estrategia de competitividad. El enunciado de la misión del British Design Council dice lo siguiente: “Favorecer un óptimo uso del diseño dentro del Reino Unido, en un contexto mundial, para mejorar la prosperidad y el bienestar.”
Otros países europeos, como Alemania y Suiza, tienen organismos similares que coordinan las labores nacionales de promoción del diseño, pero Estados Unidos todavía tiene que ponerse al día en este aspecto esencial de la promoción industrial. En Estados Unidos la controversia gira en torno a si un organismo así es práctico o no en un país tan grande, diverso y complejo. Puede que las iniciativas a nivel de Estado sean lo más adecuado, pero no hay acuerdo sobre la forma de unir dichas iniciativas en un proyecto nacional. El futuro de la competitividad estadounidense puede estar en juego en este debate.
Fuente: “Trends around the world”, Design Management Journal, primavera de 1996.
Estas reflexiones confirman que la belleza es útil en cualquier circunstancia de la vida humana e incluso para la apariencia terrenal de aquellos que se ofrecen como el contacto de los creyentes con su amado dios. Un alto sacerdote de la Iglesia Católica Apostólica Romana ha dicho:
“Visto Armani para valorizar el gusto de lo bello, ponerlo al servicio del culto y de Dios.”
Se Se trata del obispo italiano Domenico Mogavero argumentando ante las críticas que recibió por oficiar misa con ropas diseñadas por el célebre modisto Giorgio Armani (11).
La belleza da títulos a muchos espacios, es nombrada en letras gruesas y esas páginas atraen a los lectores. Sin desarrollos conceptuales, recordatorios eruditos o literatura pretensiosa, las seductoras publicaciones exponen objetos bonitos, vestuarios, muchas veces elegantes y cuerpos y rostros hermosos. Los editores podrán decir: si la mirada goza para qué distraerse con la complejidad de los conceptos? Creo positivo que gran cantidad de personas encuentren en esas lecturas la belleza privilegiada ya que a incontables seguidores de esas ediciones les aumentará el interés por este valor estético: luego cada uno a su gusto, elegirá, elogiará o desechará las propuestas divulgadas.
Antes de leer el contenido de la entrevista a Gwyneth Paltrow, titulada “La belleza duele”, son sus palabras (3), supuse a la actriz expresando un pensamiento profundo en vías de indagar sobre la fugacidad de esa envidiable virtud de ser bella, que a ella hoy la favorece; la imaginé mirando sus fotos actuales dentro de no muchas décadas: las fotografías, precisas y preciosas captan la hermosura en ese momento y, la belleza puede ser eso, un momento. Me atrevo a decirle: alégrate mujer bella que tu hermosura es más duradera que la de las flores. Después, leyendo la nota, la actriz explica la fatigante tarea que le “asegura verse tan radiante”: dietas con nutricionistas y dolorosos ejercicios guiados por entrenadores personales, pero “aún así le cuesta mantener la línea”. La estrella del cine me convenció: es más sencillo razonar sobre la belleza que atraparla para el propio cuerpo.
Una versión menos fatigosa, llena de frescura y alegría vital la brindó la actriz Clara Alonso en la nota que se publicó titulada “No temo gastar en cosméticos” (13) donde con sonrisa serena, atrapante y muy bonita ella, muestra fotográficamente a quien reivindica cualquier esfuerzo para mantenerse hermosa: “La belleza para mi -dice- es una inversión. En lugar de propiedades o autos, yo consumo cosmética y servicios de calidad que no pasan de moda; no temo gastar en eso”. Como se puede leer aquí, la actriz, no razona conceptualmente pero aprecia en mucho a la belleza.
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Un recurso exitoso lo poseen los fotógrafos para fijar la belleza en sus trabajos asegurándose vencer en el tiempo ese valor huidizo que produce admiración. Aldo Sessa, experto fotógrafo, siempre lleva su cámara pues él “acecha a la presa” (el tema o la imagen) y aconseja”…aprender a mirar pues todo tiene un momento”: es el momento de la belleza que fijará en la película de su equipo (4) Su vasta producción muestra logros bellos y duraderos. Otro afamado fotógrafo, Ernesto Monteavaro, marchó por la vida queriendo encontrar esa oportunidad de conseguir imágenes de la hermosura. Al principio de su carrera fotográfica, como paisajista, buscó esa hermosura en la naturaleza pues encontraba “cosas lejos del asfalto que tienen belleza”. A propósito de sus fotos de los rostros y la reticencia de las persona a ese atrape comentó que “hay gente que tiene miedo de que la “la foto les robe el alma” (5). Por eso esperaba la ocasión y el descuido de sus fotografiados para liberar el objetivo. El tiempo y su talento lo tornaron el fotógrafo de los escritores. Conversando con él le pregunté si no era renunciar a la hermosura más segura de la naturaleza el acto de captar rostros de escritores, no siempre aplaudidos por bonitos y Monteavaro me contestó:
• “En esos rostros hay una gran belleza, la de sus espíritus.” Este análisis me enfrentó a la pregunta: la fotografía vence la fugacidad de la belleza?
• Diré: Sí, en principio, tal como ocurre con un cuadro o con una escultura.
• o No, si consideramos la soberanía de la subjetividad del observador, subjetividad variable ya que la determina el gusto personal, el momento o el estado de ánimo de ese juzgador. Hay gustos buenos o malos? Sugiero contestarse cada uno.
Por la riqueza y claridad de los textos seguiré parcialmente y casi a la letra una valiosa nota de Laura Ísola (14) a propósito del fotógrafo florentino Massimo Listri (1954) quien presentó sus capturas artísticas en Buenos Aires en marzo de 2013. Dice Ísola:
“Existe la posibilidad de pensar que cuando los griegos inventaron el mundo occidental (las ideas y los conceptos), lo hicieron para siempre. El concepto de belleza tuvo para los antiguos un sentido que iba más allá de lo lindo. Lo bello era bueno y justo dado que agregaba un contenido moral a lo estético. Entre los creadores que recuperan esa concepción antigua y la llevan hasta un extremo que parece volverse sobre sí misma está Massimo Listri. La idea de belleza que se perpetúa en sus fotos está vinculada con una de las artes más emblemáticas del siglo pasado que, por lo menos, reconfiguró el modo de relación entre la imagen y el mundo; para Roland Barthes, que la analizó, la fotografía es un objeto de duelo, un trámite tanatológico, que le permitía ver lo que ha sido (15) El acto de fotografiar la pequeña muerte instituye al hacedor en un taxidermista. Listri, entonces, opera en un entredós: las imágenes rabiosamente bellas de los edificios y ambientes más hermosos y artísticos del mundo y el manejo de la técnica fotográfica. Autor de decenas de libros con sus fotos congela ese pasado arquitectónico y resemantiza en el presente de la imagen; vemos la perfección de la toma, con la luz adecuada y una batalla ganada al hiperrealismo.
Listri nos hace creer que los edificios, vacíos de gentes, tienen alma y muestra que lo bello es bueno.”
La hermosura de las fotos de este artista confirman los acertados elogios del trabajo de Laura Ísola, ya que esas imágenes además de dar placer invitan a su colección.
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Volviendo a los escenarios cinematográficos, me parece positivo que afamados actores de ese arte, y por ende masivamente conocidos, sean estudiados y exhibidos como poseedores de rostros donde se posaron las medidas áureas, proporciones divinas o perfectas de la belleza. Cuenta la historia del tema, que el arquitecto Phidias – 480-430 a. C.- propuso esas reglas numéricas y racionales de proporciones de la hermosura superior: el número que confirma semejante virtud es el llamado Phi (fi) por aquel arquitecto. Ese número ideal de las proporciones se presenta en algunos rostros, cuerpos humanos, en la naturaleza – muchas veces – y en monumentos inolvidados tales como la pirámide de Keops, el Partenón y otros iconos de admiración mundial. Esta racionalización encontró esas proporciones perfectas en los rostros de Angelina Jolie, Tom Cruise, Antonio Banderas y Penélope Cruz entre otros posibles beneficiados por la belleza. Cabe recordar que aquellas reglas supuestas racionalmente “perfectas” fueron enfrentadas, cuestionadas y rechazas con los argumentos de la libertad en el arte, de la subjetividad y del gusto de cada uno.
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Simultáneamente con el avance de este trabajo seguirán apareciendo en revistas de actualidades páginas dedicadas a la belleza (qué suerte!). En una de esas publicaciones, elogiando a Penélope Cruz cuentan que su imagen ha sido disputada por las marcas “tops” para sus promociones publicitarias y que “la actriz acaba de ser elegida por los cirujanos de Beverly Hills -U.S.A.- como la figura ideal” (6); opinión de los médicos que cortan, sacan y ponen lo necesario para embellecer a sus pacientes. Otra publicación exhibe en la primera página del suplemento `Espectáculos´ el hermoso rostro de una cantante lírica, “la mezzo galesa Katherine Jenkins, quien ya vendió más de 4 millones de discos.” Esta información aparece titulada “Belleza lírica” y la imagen de la mezzosoprano hace pensar que además de su voz elogiable la artista tiene una hermosura natural que no precisará de cirujanos para ser atractiva (7) Sin duda la erudición de quienes construyen estas informaciones es útil como vía para la difusión de nuestro tema.
Se puede leer en H.B. (8) que los ricos y poderosos mostraban su situación afortunada vistiendo colores preciosos, brillantes y suntuosos para diferenciarse de los pobres que eran grises y sucios. Rescaté textual “La riqueza de los colores y el brillo de las piedras preciosas son signos de poder y, por tanto objeto de deseo y de maravilla”. Pensé que los colores alegran la vida y la alegría es una de las manifestaciones de la belleza. El deleite de los colores, estar contento y desbordar vitalidad exhibida con la intención de ser vistos deben ser los motores que dinamizan y activan a los famosos carnavales de Venecia, espacio para sueños que parecen reales y perfectos, pero duran tiempos breves: es la alegría de vestirse la belleza a puro gusto. Napoleón Bonaparte decretó en 1797 la abolición de esos carnavales seguramente con la intención de ser él, el único, que podría disfrazarse de emperador, pretensión que satisfaría durante la carnavalesca y pomposa auto coronación imperial, acaecida el 18 de mayo de 1804; creo que lo que se recuerda a continuación aparecería ridículo, aún en aquella época:
“En los últimos frenéticos minutos de preparación, el casi emperador aún se precipitaba de una habitación a la otra, completando las piezas de su complicado atuendo. Para la procesión hasta la catedral, llevaba medias de seda y calzones, botas de media caña de terciopelo blanco con bordados dorados y hebillas de oro, chaqueta de terciopelo carmesí, una capa corta de terciopelo forrado de satén blanco, sostenida en un hombro por un broche de diamante, y un gorro de terciopelo negro con dos plumas. Parecía un príncipe del Renacimiento. Josefina lucía un vestido con cola de brocado plateado salpicado con abejas de oro. (Napoleón adoptó las abejas símbolo de la industria, para vincularse con los primeros reyes de Francia que habían utilizado ese emblema.) Los brazaletes, broches y collares de oro de Josefina estaban realzados con pedrería y camafeos antiguos y su cabello castaño, peinado en una masa de diminutos rizos, sostenía una diadema de cuatro hileras de perlas entrelazadas con hojas de diamante. Estaba tan bien maquillada que parecía una joven de 24 años, según observaron los asistentes a la ceremonia.
Para la coronación en sí, Napoleón llevaba una larga toga de satén bordada con hilos de oro que le llegaba a los tobillos y, por encima, el manto imperial de terciopelo carmesí forrado de armiño y salpicado de abejas de oro. El manto pesaba unos cuatro kilos y debía ser transportado por cuatro dignatarios.
Sus asistentes eran tan torpes cargando el pesado manto que el emperador estuvo a punto de caer de espaldas cuando comenzó a subir los peldaños.” (12)
Leí, recientemente, que Steve Jobs, el mago de la informática, redefinió la belleza Nos dice la noticia que en los EE.UU. entre los años 60 a los 80 del siglo pasado se practicó “un largo experimento de fealdad”, aburridos de la belleza y la elegancia (que son parientes) y sostenían decididamente que la función cumplida por los productos, era superior a la forma y poco importaría la fealdad de los materiales usados. Propusieron despreocuparse por los estilos, lo que “hizo pensar que los Estados Unidos se encontraban en declinación”. Luego poco a poco la belleza comenzó a regresar y las maquinas dejaron de ser únicamente cajas utilitarias y se convirtieron en objetos bellos”. Steve Jobs fue quien “sin ser artista” privilegió la profunda relación entre belleza y civilización”.(9)
Por último anticipo que habrá un capítulo futuro sólo dedicado a obras, preferentemente breves, de poetas que honraron nuestro tema. Enfatizo el detalle de la belleza en poemas breves ya que su introducción en los versos amplía naturalmente el campo de la materia tratada magnificándola por todo lo que sugiere y emociona la hermosura.
Algunos ejemplos:
Haiku No hay valor manco: Verdad, Bien y Belleza se dan la mano.
Carlos María Romero Sosa
Oscuro fuego ¿Quién necesita que yo escriba? Sin embargo es hermoso vivir por la belleza, aproximarse al fuego oscuro en el que arde la fiesta y el misterio de la vida. Aunque a nadie le importe. Brilla en la noche el verso Bello y desamparado como un cuerpo desnudo.
Antonio Requeni
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