Sándor Márai (*) y lo bello en sus prosas  
         
      por Carlos Pensa  
         
     
 
         
     

     Leí con placer las novelas “El último encuentro” (1) y “La mujer justa” (2) de Sándor Márai. Diré algunas obviedades ciertas, como por ejemplo que son atrapantes, de ricos contenidos narrativos, con mucha acción y tiempo. Procurando un desarrollo más particular divido el enfoque de cada obra explayándome preferentemente en la segunda.

     De la primera novela, muy brevemente, destaco la excelencia del relato y especialmente los manejos del tiempo: el relato nos transporta del presente al pasado, el pasado es contado como un presente, el hoy y el ayer aparecen reunidos en sucesos que son vividos mientras se los lee.

     Ambas obras tienen un agradable discurso literario pero en “La Mujer Justa” la belleza, la elegancia mundana cuidadosamente expuesta y la vida burguesa placentera son dibujadas en descripciones claras y convincentes que movilizan los sentidos y la imaginación del lector acomodándolo en el ambiente creado. Mencionar inicialmente lo bello fue la consecuencia de apreciar esa cualidad en los textos que aquí aparecen. Es una obra de belleza serena y armoniosa, cuya presencia es permanente durante todo el relato, pero que no se recibe como estallidos impactantes mientras se lee el libro.

     “La Mujer Justa” fue estructurada en tres monólogos relatando cada uno el mismo tramo temporal, aprovechando hábilmente el novelista la visión diferente de los narradores omniscientes: sin pretensiones eruditas el autor nos da ejemplos de la subjetividad testimonial.

     La fealdad humana se percibe en la personalidad de muchos personajes; sólo son poderosos y cargados de bienes materiales, pero densos e infelices. Márai, sutilmente y como si siguiera a nuestra Real Academia Española se refiere a lo feo como un objeto sencillamente falto de belleza o hermosura. El autor describe esa carencia, mostrando situaciones y personas, que aunque son dueños de la riqueza no pueden gozar de lo bello, ni apreciar la hermosura ya que con la veneración y cuidado de sus fortunas han aplastado la posibilidad de ese disfrute. Márai no rechaza la riqueza sino su uso inadecuado.

     Para Judit Áldozó (última de los tres monologuistas) “uno de los momentos más bellos de su vida” (291/1°) fue aquel en que recibió los servicios del pedicuro suizo a quien había visto atendiendo a sus patrones, allí, donde trabajaba como mucama; es un ejemplo irónico del gusto vulgar. En esa casa conoció a Péter, el hijo de la familia que la empleaba y, tiempo mediante, se casó con él, mas este matrimonio no resultó como suele ocurrir en las telenovelas de finales felices que ayudan a conciliar el sueño o a lagrimear contentos.

     Ella, como doméstica, encontraba belleza en el blanco níveo de la taza del retrete o, mejorando el ejemplo, al recordar la imagen del hospital de su pueblo que parecía un castillo encantado (279/4º). Judit fue una aldeana pobre, inteligente y capaz de hacer observaciones acertadas. En algunos de sus parlamentos sugiere que lo misterioso puede ser bello tal vez porque sólo se lo piensa sin el afeamiento de la realidad. Esta mujer admira y respeta a un escritor que la trata de manera distante y dice de él que “ni por un momento imaginó que pudiera espiar su silencio” (394/3°) Lo afirmado por Judit conduce a pensar en una actitud reverencial ante el mutismo de personas admiradas y me recordó a Charles Chaplin quejándose de la aparición del sonido en el cinematógrafo, novedad técnica que lo privaba de la belleza del silencio (3).

     ¿Ser bella es peligroso? Sí, le contestan a Judit y que tenga cuidado “porque ella es muy hermosa” (399/4°) y necesita saber además que salió de la pobreza por contar naturalmente de esa característica privilegiada (245/2°) que la tornaba atractiva físicamente.

     Marika, la otra monologante y primera esposa de Péter, es una mujer bien integrada a la burguesía satisfecha pero el infortunio de su matrimonio la impulsa a reflexionar sobre los cambios de la suerte. Sin mencionar a Hegel busca ávidamente las causas auténticas de la esterilización de su condición de esposa, porque para esta mujer, casi igual que lo era para el filósofo, la verdad podría ser bella ya que apaciguaría su espíritu convulsionado. Para ella, Péter “era un hombre de verdad, un caballero” (32/2°) pulcro, honesto y elegante; aquí la elegancia es un elogio que apunta a destacar una forma emparentada con la belleza, un intento de presentarse agradable y con buena presencia; así lo veía y amaba, a él, su esposo, y dirá: “no consigo imaginar mi vida sin ti” (38/5°) Pero no pudo ser la mujer justa, la supuesta mujer perfecta para su marido; es únicamente una belleza burguesa, belleza, que acaba siendo aburrida y calcadamente repetida, aun cuando su bonita presencia no moleste de inmediato.

     Sabemos que el fetiche es una pura fantasía colocada en objetos o personas para adorar o reverenciar. Los racionalistas consideran peyorativamente el culto fetichista. El autor, en esta novela hace de “la cinta morada” (61/7°) un elemento de alta consideración en boca de los tres monologuistas. La cinta morada, la guarda Péter como recordatorio de su pasión por Judit, ya que esta se la dio en algún momento y él la ocultó, hasta que su esposa Marika la descubre, investiga y llega, gracias a ese fetiche, a conocer los verdaderos sentimientos de su marido. El develamiento de la historia de la cinta morada es un cuento de suspenso dentro de la novela, escrito con estilo moroso y de clima apacible. Marika, buscadora de la verdad, encuentra un trozo de esa cinta morada y no se detiene hasta conocer todo acerca de ese hasta allí amor platónico padecido por su marido hacia la otra mujer. En algunos tramos lo recordará como un hombre de gustos refinados y que pagaba muy bien a los artistas (15/2º) y me resulta inevitable vincular a los artistas con la belleza. Refiriéndose a la madre de Péter aclara que no puede decir suegra (“¡qué mal suena!”) a propósito de esa dama, la “más fina que ha conocido, personificación del tacto” en su trato hacia los demás (29/3º)

     Péter, puente entre las otras dos monologuistas, es la voz masculina de Sándor Márai, quien con sus pensamientos lúcidos, profundos y críticos, busca analizar el orden burgués, sus seguridades, las apariencias de vidas plenas y casas encantadas como resultado de la disciplina ventajosa, sus reglas favorables y el convencimiento en que descansan los burgueses acomodados: las diferentes clases sociales son así porque los hombres así lo quieren. El autor hace un buceo cordial, pero sin concesiones, de un grupo de personas e intereses no modernizados y quedados en el tiempo. Judit sostiene que Péter desea el estilo de la vida burguesa para todos y supone que de esta manera los proletarios no serán tan mendigos (326/2º) ¿Querría, el autor o su personaje, de esta forma mejorar esas existencias para que la sociedad pareciera más bella? Es interesante recordar que el novelista sostiene que la capacidad de valorar la belleza reside aun en personas que “no saben leer ni escribir” (414/4º)

     La belleza encerrada en esta novela está particularmente presente en la calidad de los textos y los dibujos en palabras de las suntuosas y atractivas viviendas con sus imaginables mobiliarios, más los vestuarios de las damas y caballeros. Cabe destacar que abundan descripciones de personajes o situaciones feas. Estos no merecen un tratamiento específico y menos aún doloroso: no, lo feo es tal porque la negligencia o falta de mejor suerte no le permitió ser alcanzado por algún tipo de belleza. Si la luz es más bella que las tinieblas, en la novela podemos intuir que los tres personajes buscan esa luz para sus vidas ya que circulan presentados como individuos muy inteligentes.

     Llama la atención la habilidad de Márai para desarrollar episodios de la segunda guerra mundial, los ocurridos en Hungría y a sus personajes, sin que el horror gane espacios en la novela (332 y siguientes) Este autor, lo reitero, hace suya la definición y preferencia de nuestro diccionario: la belleza brilla, lo feo es solamente así porque todavía le falta ese afortunado atributo.

 
         
      NOTAS  
      (*) 1900 ( Kassa o Kaschau, ex ciudad húngara, hoy Eslovaquia) 1989 (California U. S. A. )
( ) entre paréntesis página y párrafo.
(1) Ediciones Salamandra, Barcelona 2006.
(2) Ediciones Salamandra, Barcelona 2007
(3) Jorge Carnevale comentario a libro de cine en diario Clarín, Cultura, Bs. Aires 23-08-1988, pág. 7
 
         
      Publicó revista “Polígono de cuentistas y poetas” de Buenos Aires, Argentina, en dos partes en sus números 39, de marzo 2008 y número 40, de julio 2008.